Bofetadas.

Los educadores no mentimos cuando decimos que aprendemos cada día y que de vez en cuando, son nuestros educandos los que nos dan una buena lección. Esta semana pasada, he recibido varias bofetadas educativas bastante interesantes.

El lunes pasado salia de cenar de un garito del centro de Valencia, cuando de lejos, vi la silueta de una chica que me era bastante familiar, aunque no logré diferenciar de quien se trataba, seguí caminando y conversando con mi compañía, hasta el momento en el que cruzé junto a la chica. Resultó ser una de las chicas de mi grupo educativo, junto a un primo suyo y con cajas en las manos.Tras el pertinente saludo instintivamente miré mi reloj, eran las 23:30 de un lunes, demasiado tarde para el día siguiente acudir a clase, pensé, pero…no fui capaz de reaccionar ante la situación y cada uno de nosotros seguimos nuestro camino sin yo, pararme a preguntarle como estaba y hacia donde iba. Tal vez, me quedé bastante desencajado.

Pasé parte de la noche pensando de donde venia, a donde iba y que llevaba en las cajas. Aún así, sabia que mas tarde o mas temprano la iba a ver para salir de dudas y hablar con ella, y así fue. Tras el típico interrogatorio al que solemos someter a los chavales, y mira que nos ponemos pesados con las preguntitas por aquí y por allí, me confesó que venia de recoger comida en una panadería para la familia.

Tras la pertinente conversión con ella y antes de marcharnos le pregunté el motivo por el que se puso nerviosa y se asustó al verme, su respuesta fue letal; «Me daba vergüenza que me vieras con las cajas llenas de comida mientras tu estabas tan feliz con tus amigos». En ese momento no tuve respuesta para ella, y la despedí hasta el día siguiente.

Aún siento el dolor de esta bofetada educativa. Durante toda la semana he estado pensando que si no fuera por este tipo de bofetadas y por los errores que como educadores cometemos, que en la gran mayoría de veces nos damos cuenta, nuestro trabajo no tendría su pertinente reflexión sobre nuestras actuaciones y en pocas ocasiones tendríamos oportunidad de mejorar. Me siento bien recibiendo bofetadas, aunque duelen y mucho, y mas cuando son por errores que el Educador comete.

Soy Educador Social, Psicopedagogo y eterno estudiante, ahora Psicología. Educador de profesión y vocación, también de convicción. Amante de la montaña y del deporte.

2 comentarios en “Bofetadas.

  • La viñeta que muestras nos permite pensar sobre nuestra posición ética y desde donde proyectamos nuestra posición como educadores. Ilustra de manera efectiva el peligro de nuestra propia ignorancia, y tu propia disposición a ir más allá de los prejuicios y estereotipos.
    Pero la verdad es que lo que más me llamo la atención fue el título de tu blog Educador de menores, menor es una categoría descriptiva del lenguaje judicial, como educador uno acompaña, trabaja con niños, jóvenes, adolescentes, pero con menores? Todas las personas con las que tu trabajas han tenido problemas con la ley? Es esa categoría jurídica el punto de partida más adecuado para proyectar vínculos educativos? O quizás esa categorización, esa etiqueta responde a otro prejuicio? Nunca oí nombrar a los niños de una escuela como menores, no decimos los menores de de esta escuela o los menores de la de ludoteca o los menores de la escuela de música. Te invito a pensar a que sujetos se les llama menores? Y si la palabra menor en un entorno educativo, en boca de un educador, no dificulta la posibilidad y el derecho de esos menores(ante y para la ley) de ser niños, adolescentes, jóvenes.
    Un cordial saludo y darte las gracias por tu trabajo y el regalo de estas palabras que no hacen pensar.

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