Cuando nos olvidamos.

Tengo que reconocer que llevo unos días bastante reflexivo, y es que es para estarlo. Tengo que confesarme y vomitar mis sentimientos y pensamientos, ya lo hice hace unos días con mis compañeros de trabajo, y ahora intento escribirlo aquí, para no olvidar y tenerlo siempre en recuerdo.

El tema viene a ser este, creo que he olvidado, olvidé, uno de los que creo pilares de nuestra profesión. Y es que, y espero que nunca os haya pasado, he llegado a centrarme mas en mis objetivos propuestos a principio de curso, que al estado actual de cada menor y de sus necesidades, de ver primero por su felicidad y por su bienestar. Me he olvidado, me he encerrado tanto en cumplir objetivos, en mirar por mi, que he olvidado lo simple, lo importante para los chicos y chicas, he olvidado lo cotidiano y el disfrute del momento junto a los menores.

¿No os ha pasado nunca que os dejáis llevar por el momento? ¿por el calentón?. Me suele pasar que, llevo mi normalidad, lo bueno y malo para mi, lo que a mi me va bien en la vida y lo que me va mal en la vida,  a las vidas de los menores, en un acto de transmitir mi experiencia de vida, pero, con la diferencia, de que mi vida no es, ni ha sido parecida a la vida de los menores con los que trabajo cada día. Llevándome al error en la gran mayoría de las intervenciones.

Olvidar aspectos que a priori son simples, es cometer errores. Lo normal en mi vida, ha sido no faltar ningún día a clase, lo alucinante es, que estos menores se levanten cada mañana, con el estomago vació, y decidan ir a clase, aunque sea llegando una hora tarde y que no se enteren de nada en una clase normalizada, y es un error, un día que faltan a clase, dar “la chapa” que a mi me hubieran dado mis padres, o que cualquiera de nuestros padres nos hubieran dado a los que aquí estamos leyendo. 

Centrarme en los objetivos, olvidar el contexto, la situación actual de cada menor me ha llevado a ser mas humilde con mi trabajo, a fijarme en lo simple para los menores, en lo cotidiano para ellos, en su día a día, que por desgracia había olvidado.

Tengo claro, que sin la felicidad del menor y sin su bienestar no puedo conseguir ningún objetivo. Es el momento de mirar en las necesidades inmediatas, en el día a día, para poder ir avanzando, sin olvidar pasos y sin correr.

Creo que no cometer este tipo de errores nos hace mas cercanos, y a la larga, mas eficaces en nuestro trabajo, pero las prisas y el dejarme llevar por el momento, me ha jugado una mala pasado y estar perdido durante varios meses

Soy Educador Social, Psicopedagogo y eterno estudiante, ahora Psicología. Educador de profesión y vocación, también de convicción. Amante de la montaña y del deporte.

Un comentario en “Cuando nos olvidamos.

  • No sé si “estaré meando fuera del tiesto” o si… supongo que no nos conocemos (aunque alguna conexión debemos tener si he llegado hasta aquí, no?) Tu reflexión me motivó a mí la siguiente (y que también he compartido ya con más gente):

    * A modo de Ejemplo Práctico (reflexión)

    He escuchado a veces, e incluso he leído, que en el rapidísimo sucederse de los días podemos llegar a olvidar lo importante por lo urgente.
    Primero simplemente nos excusaremos en que resulta un tema muy complicado compaginar la agenda y que no hay tiempo para nada, que hay mucho tiempo que se lo lleva el “papeleo” y que siempre surge algo que tenemos que atender de manera prioritaria y…
    Lo malo es que después nos empezaremos a sentir un poco mal porque no dedico tiempo a aquellas cosas que son importantes y que, además, estaban en el origen de elegir esta profesión y me empezaré a cuestionar incluso mi vocación, pero… como eso me da mucho miedo y no quiero entrar en esa duda, pues me dedico a algo urgente que mantenga distraída la cabeza y me dé sensación de que es muy importante que esa cosa se haga, “que si no…”
    Pero es que la sensación no desaparece, ni desaparecerá, y seguimos barriendo bajo la alfombra y si encima se nos ocurre comentarlo con algún compañero (máxime se debería evitar hacer esto con los que ya se han resignado a vivir y trabajar cómodos sobre el montoncito que hace ya la alfombra) sentiremos la presión grupal de que las cosas son así y buscaremos pequeños destellos en cada rincón de aquello por lo que, algún día quisimos ser educadores para consolarnos y conformarnos.
    Ojala lo que describo este muy lejos de todos vosotros, pero, si por lo que sea no es así y este análisis y diagnostico os es “familiar”, os receto releer los básicos y ver que lo importante es lo verdaderamente urgente y que si perdemos de vista “por qué somos educadores” y cuál es nuestra razón de ser (espero que todos aquí penséis que son los educandos, no?) nada de lo demás que hagamos tendrá sentido.
    Tenemos que estar comprometidos con la educación y repasando los “Básicos” veremos tantas cosas que podemos hacer para que el sentido de nuestra vocación no se pierda que…
    En todos y cada uno de ellos podemos encontrar algo, pero yo propongo empezar con el 12, “la Indiferencia”, la relación que tenemos con el tiempo es fundamental para todo esto de lo que estamos hablando y no se puede entender que “las prisas” nos lleven lejos de nuestra propia esencia. Centremos siempre, el arte de educador es el del equilibrio (Don Bosco hacía equilibrio sobre la cuerda por distintos motivos en su juventud, pero es una imagen muy fuerte)
    Yo acuñé la frase de “No importa ni a donde, ni cuando, ni tan siquiera como se van, si no que se llevan” No podemos tener la arrogancia (quizá basada en una buenísima intención) de pensar que podemos hacer que las vidas de nuestros educandos sean distintas, ni creo que desearíamos caer en eso, no vivimos su vida, la tiene que vivir ellos (vivir no es solamente un derecho, es un obligación)…
    Y por eso debemos equilibrar (todo esto tiene que ver con otros básicos, como el “Acompañamiento”) Podemos equilibrar y vivir intensamente cada día sin pensar en que será después, dándoles todo lo mejor de nosotros mismos y sin dejar de pensar en objetivos grandes (pero los suyos) y en cada intervención, fijar nuestros objetivos también, pero teniendo siempre presente el de conservar la relación y no olvidando nunca, que tenemos que tener cada día la serenidad suficiente para atender lo importante, que nada es para siempre (luego lamentaremos haber perdido oportunidades educativas) pero a la vez debemos actuar con serenidad, calma y eternidad (siempre tendremos que tener presente que Educar es algo que no se agota en nuestra pequeña intervención, que es algo más grande, pero… sin nuestra intervención o con una intervención vacía de sentido no hay Educación posible)

    No sé si habré logrado explicarme, pero no me quiero alargar, quizá volvamos sobre ello y podéis repasar los “Básicos” y encontrar muchas pistas sobre el tema. No podemos creer que algo tan grande como Educar cabe en esquemas sencillos, resultados inmediatos y fijarse solo en lo supuestamente urgente. Educa y lo demás vendrá por añadidura, quédate en el espejismo de control y verás como desaparece según crees acercarte.

    Nota: Las referencias a “Mis Básicos” las puedes seguir (si lo consideras oportuno) en http://wp.me/P1b0OD-2
    Introduce ne la venta BUSCAR: Básicos.

    GRACIAS!!!!

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