Pensamientos de @Nolotarin: “Dejadme nacer que me tengo que inventar” (Fito&Fitipaldis)”

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 “Dejadme nacer que me tengo que inventar” (Fito&Fitipaldis)”

 

El martes pasado al acabar la reunión de equipo me quedé con una sensación extraña, sentí que habíamos hablado de Antonio en unos términos que me provocaban cierto malestar, que no me dejaban tranquilo.

Creo que se podría decir que no fuimos “educativamente correctos”. Intuyo que en el afán de justificar un apoyo farmacológico para Antonio sobrepasamos una frontera segura y nos adentramos en “arenas movedizas”. Hay cosas que son parecidas pero no son iguales. No es lo mismo plantearnos que un menor pueda presentar síntomas que hacen presumir que pueda desarrollar en un futuro alguna problemática relacionada con la salud mental, que hablar de que ya muestra rasgos de una posible “psicopatía”. Ésta tiene mucho que ver con la impulsividad, con la falta de habilidad social, con la ausencia de empatía, pero sobre todo con problemas de apego, con sentimientos de inferioridad, de frustración y baja autoestima. Y creo que es lícito afirmar que con todo esto no se nace sino que poco a poco se va haciendo, y la adolescencia (a la que Antonio aún no ha llegado) es determinante en este sentido. Y posiblemente nosotros nos convirtamos en un actor más que pueda influir y condicionar ese proceso.

Aun así lo que más me preocupó fue otra cosa. El otro día mencionamos varias veces la palabra  “precaución”, pero apenas se escuchó otra parecida pero no igual “preocupación”. Recordemos que los problemas de salud mental son en gran medida expresión de una situación de sufrimiento psíquico. Que en un niño empecemos a percibirlo es casi un hecho sobrecogedor. Sobre todo nos debiera hacer pensar en su fragilidad, en el drama de lo vivido, en sus enormes necesidades a flor de piel. Tendría que activar al máximo nuestra sensibilidad como educadores. Puede que el sentimiento más apropiado al detectarlo fuese el de la “compasión”, pero por si nos da un poco de reparo volveremos al de “preocupación”. Porque lo de la “precaución” es muy peligroso, desde ella se han justificado muchas de las propuestas conservadoras hacia este tipo de menores (sobre todo las que acaban etiquetando, judicializando y “medicando” como única respuesta).

Desde la perspectiva educativa, para nosotros “diagnosticar” será útil en la medida que nos ayude a descubrir necesidades y por lo tanto a diseñar estrategias para atenderlas mejor. Descifrar y fortalecer los factores de protección (lo positivo que tiene y acompaña a cada menor) será una de las tareas principales en esta labor. Si los diagnósticos no nos llevan a ello, podríamos revisarlos y actualizarlos a la luz de esta óptica pedagógica.

@Nolotarin

Soy Educador Social, Psicopedagogo y eterno estudiante, ahora Psicología. Educador de profesión y vocación, también de convicción. Amante de la montaña y del deporte.

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