Pensamientos de @Nolotarin:”Profesionales que lloran.”

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(al día siguiente de la despedida de un joven que dejaba el centro de acogida después de 6 años y tras alcanzar la mayoría de edad)

Josué se ha marchado… y hemos llorado.

Lágrimas a flor de piel y por dentro. Lágrimas en la intimidad y expuestas al grupo.

Lágrimas fruto del afecto, de lo vivido durante intensos años de convivencia. Y lágrimas también, que expresan preocupación, inquietud, incluso miedo, ante un futuro demasiado incierto.

Tenemos motivos sobrados para sentirnos satisfechos del trabajo realizado. Pero la enorme fragilidad del momento, hace muy difícil agarrarse a ellos.

Nuestras lágrimas no son paternalistas, ni dependientes. Tampoco son las del padre que no quiere dejar volar del nido. Son más bien lágrimas responsables, afectivas, conscientes de los complejos retos que se afrontan.

Son lágrimas profesionales, de quienes se han implicado con pasión y convencimiento en la tarea educativa. Lagrimas que no alejan del norte del criterio educativo, ni restan un ápice de competencia profesional. Todo lo contrario, son lágrimas que generan humanidad y por lo tanto acercan a las personas, sitúan al educador en el centro de su cometido.
En este trabajo no dejamos de aprender, ahora a despedirnos o seguramente mejor dicho a acompañarnos en momentos, cambios y decisiones que van construyendo la vidas de los menores y seguramente también las nuestras.

@Nolotarin

Soy Educador Social, Psicopedagogo y eterno estudiante, ahora Psicología. Educador de profesión y vocación, también de convicción. Amante de la montaña y del deporte.

Un comentario en “Pensamientos de @Nolotarin:”Profesionales que lloran.”

  • Yo soy educadora social, y actualmente trabajo en una residencia de mayores. Las lágrimas son humanas y trabajar con personas nos hacen tener una humanidad recíproca, en la convivencia, en el cariño que se va cogiendo a las personas con las que tratamos (y a aquellas personas a las que damos especialmente un cariño más personal porque están más desvalidas, más solas, más necesitadas). Somos personas que trabajamos con personas. Yo soy la primera que he llorado, por la muerte de una persona residente, por la frustración ante un conflicto, aunque después te repongas para poner solución. A veces los desafíos a los que nos afrontamos nos tocan en el corazón porque no somos de piedra. Créeme, si hubiéramos querido ser de piedra y ganar mucho más dinero nos hubiéramos decantado por otras profesiones, pero nuestra profesión exige mucho corazón. La vocación es corazón, el coraje de afrontar cada desafío es corazón, el afrontar el duelo por ese chico que se va, por esa persona que se muere, es también corazón. Un educador o una educadora social sin corazón… tal vez debiera dedicarse a otro menester. Enhorabuena. Demuestras tener un gran corazón.

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