La montaña (II)

2013-07-23-19-42-34

Los chicos y chicas están algo nerviosos, yo también. Tenemos delante la montaña, y desde abajo vemos el gran desnivel que tenemos que subir en pocos kilómetros, estoy convencido que nos va a costar, pero que vamos a poder con la montaña. Antes de comenzar a subir, hacemos reparto de comida y de tiendas.  Unos frutos secos, mandarinas, latas de raviolis y albóndigas, zumos, batidos de chocolate, bollería, por otro lado, piquetas, palos, sobre techo,etc…  la premisa es que lo llevemos todo bien repartido, para que nadie tenga demasiado peso en su mochila, y conforme se vayan necesitando las cosas iremos sacando de nuestras mochilas.

A la media hora de camino, se empieza a notar la exigencia de la travesía, el grupo de 30 personas se divide, de forma natural, en dos pequeños grupos, uno de  18 personas y el otro de 12. Cierro el primer grupo, lo encabeza mi compañero que marca el ritmo y las paradas. Detrás, todavía cerca, llevamos al otro con otro dos educadores.

Justo antes de parar a almorzar el cielo empieza a volverse negro, eso me asusta. Llevamos todo el campamento con lluvias muy fuertes e intensas, y nos vendría muy mal que nos lloviera durante la travesía. Mi preocupación se hace realidad, justo después de almorzar y tan sólo llevando algo menos de dos horas de camino empieza a caer un granizo fuerte.  Miro a mi compañero, él  me mira y al mismo tiempo nos encojemos de hombros, no hay otra opción que seguir hacia adelante. El cielo es negro intenso, ya no vemos por detrás al otro grupo, aunque seguimos manteniendo comunicación por Walkie-Talkei.  Paramos para ponernos los chubasqueros, al granizo le acompaña una ligera lluvia. Es incomodo, el granizo me hace daño, cae fuerte. Ninguno de los chicos y chicas se queja, seguro que a ellos también les hace daño el granizo.  Graniza durante unos 20 minutos, luego sólo llueve, lluvia ligera e incómoda. Luego sólo pasamos al negro del cielo. Luego sol.  El sol me tranquiliza, me da paz.

Llevo justo delante de mí a los dos chicos del Centro de Día, son fuertes, y están siguiendo el ritmo marcado. Me preocupa más el grupo de detrás, parece que nos llevamos media hora de diferencia, y el tiempo va en aumento.  Aún así, ninguno de los dos grupos lleva el ritmo que nos queríamos haber marcado, la pendiente es fuerte. Vamos con mucho retraso.  Llegamos al punto de comida sobre las 15H. Comemos, y decidimos descansar un rato para recuperar fuerzas y esperar a ver si el grupo de detrás nos alcanza. El cansancio hace que ese pequeño descanso se convierta en una “minisiesta”, todos nos quedamos dormidos, si….todos, incluido mi compañero y yo. ¡Que error tan grande! ¿Cómo me he podido quedar dormido? ¿Cómo nos hemos podido quedar  todos dormidos?  A día de hoy todavía no lo entiendo. Vamos despertando a los chicos y chicas, es momento de ponerse de nuevo en marcha.  Justo antes de salir, nos alcanza el segundo grupo. Nos saludamos y los chicos y chicas intercambian conversaciones, los educadores hacemos una pequeña reunión, la conclusión es que dentro de las posibilidades  debemos de llevar un ritmo más fuerte, es tarde y puede ser que nos quedemos sin luz antes de llegar al refugio de Goriz y eso supondría un gran problema. Salimos el primer grupo, el segundo se queda a descansar un rato.

La montaña nos vuelve a sorprender al rato de retomar el camino. Desde la Guardia Civil y Montaña Segura nos habían asegurado que no quedaba nieve (hielo) por el camino, pero no es cierto, nos encontramos con grandes placas de hielo que tenemos que atravesar, de uno en uno, con cuidado y prudencia, esto nos retrasa bastante durante un buen rato. El cielo empieza a volverse grisáceo, está cayendo el sol, y por desgracia, empiezan a aparecer nubes de color oscuro. Empiezo a tener un mal presentimiento.  Llegamos a una zona peligrosa y que exige destreza para superar un paso con clavijas y cadenas. Tenemos la suerte de superar ese tramo sin problemas. Perdemos la comunicación por Walkie-Talkie con el otro grupo, aunque sí que mentemos contacto visual, de momento.

Al pasar la zona de clavijas, nos empieza a cubrir una niebla intensa, no ha visibilidad a unos 20 metros, el cielo es oscuro. Pienso en el segundo grupo, lo más seguro es que tengan que superar la zona de clavijas con niebla, y eso me hace sentir miedo. Perdemos el contacto visual con el segundo grupo.  Decidimos parar en la cresta de Monte Perdido antes de continuar hacia el refugio de Goriz.  Es tarde, son casi las 19:30H. El sol cae, y ahora, vemos a lo lejos, una gran tormenta que se acerca hacia nosotros descargando rayos y mucha lluvia. Mi compañero y yo valoramos que es importante comunicarnos con el segundo grupo. Hay momentos en los que tenemos cobertura de móvil, así que tras muchas llamadas, conseguimos comunicarnos con el segundo grupo. Están en la zona de clavijas, nos comunican que los chicos y chicas tienen miedo, e incluso hay algunos que no se ven capaces de atravesar la zona y están llorando.  Mi compañero decide dar marcha atrás e ir a la zona de clavijas para ayudar a los chicos y chicas y a los otros dos compañeros.

Me quedo solo con el grupo de chicos y chicas, la decisión es esperar al segundo grupo en el mismo sitio que estamos, sin movernos. La tormenta la tenemos casi encima, empieza a soplar viento. Tengo frío, me abrigo. Animo a los chavales a que se abriguen.  El cielo es completamente negro. Empiezo a pensar que podemos hacer.

 

Soy Educador Social, Psicopedagogo y eterno estudiante, ahora Psicología. Educador de profesión y vocación, también de convicción. Amante de la montaña y del deporte.

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