La montaña (III).

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Las primeras gotas de agua empiezan a caer. La niebla hace que a más de 10 metros no se pueda ver nada y cada 30 segundos un destello ilumina la zona, son rayos que están muy cerca de nosotros. Empiezo a agobiarme, necesito compartir opinión con otro compañero y dar solución a nuestro problema. Estamos al descubierto, parece que cada vez llueve más, y todo va a ir a peor. Me agobio mucho.  No sé qué hacer.  Voy a la mochila para coger mi móvil, mi compañero se llevó el walkie talkie, y empiezo a llamar al otro grupo para informarles de la situación en la que estamos y para averiguar cuál es la suya. No hay línea. No hay cobertura. Lo intento y lo sigo intentado.  He llamado más de 20 veces ya. La lluvia empieza a ser molesta.  Por fin me hago con ellos.  Les comunico cual es nuestra situación. Les digo que está lloviendo mucho y que la única opción que tenemos es montar tiendas y esperarlos en el mismo sitio que estamos. Insisto en decirles que les vamos a esperar donde estamos, que no nos vamos a mover. Ellos me dicen que están empezando a salir de la zona de clavijas. Están, como mínimo, a una hora de nuestra localización. Cuelgo.

Grito para llamar a los chavales, me estoy empezando a poner nervioso. Creo que la situación me está superando. Llueve mucho, y justo cuando les voy a empezar a explicar que vamos a montar tiendas recuerdo el momento en el que por la mañana, en el  Valle de Pineta, nos repartimos las distintas partes de las tiendas entre todos, y que eso implica que, posiblemente no tengamos ninguna tienda completa para montar. Pido la máxima colaboración a los chicos y chicas, y les explico que no estamos en muy buena situación y que tenemos que ser rápidos. Pido que cada uno vaya a su mochila y coja el material de la tienda que tengan y los juntemos todos.

Sólo tenemos tres cubetas de tiendas, por lo que tan sólo vamos a poder montar tres tiendas, y tan sólo un tipo de  dobletecho coincide con las cubetas de las tiendas que tenemos. La situación es complicada y veo imposible que podamos montar más de una tienda en condiciones. Aún así digo que se monten las tiendas como se pueda, que se olviden de las piquetas, estamos encima de rocas y no vamos a poder clavarlas, que utilicen piedras para agarrar las tiendas.

Mientras se montan las tiendas, llamo al campamento para explicar nuestra situación y la del grupo que llevamos atrás. Cada vez estoy más nervioso, cada vez llueve mas, cada vez caen mas rayos. De nuevo, no tengo cobertura. Lo intento más de 30 veces y no hay manera. Por momentos pienso en llamar al 112 y explicarles a ellos la situación en la que estamos, para que lo tengan en cuenta. Veo la situación muy peligrosa para un grupo de 30 personas, casi todos menores.  Pero no lo hago, sigo llamando al campamento hasta que me hago con ellos:

–          Hola Isaac, ¿cómo va?

–          ¡Muy mal! Las cosas no han salido como las teníamos planeadas.

–          Bueno, tranquilo. Aquí está empezando a llover.

–          Escúchame, rápido. Está empezando a granizar y caen muchos rayos, te tengo que colgar rápido.

–          Si, dime.

–          No hemos llegado al refugio de Goriz. Estamos divididos en dos grupos. Nosotros estamos en la cresta de Monte Perdido montando tiendas, el segundo grupo está en un punto entre la zona de clavijas y nosotros. La situación es muy fea. Está empezando a granizar fuerte.

–          No te preocupes. Aquí  los pequeños están terminando de ducharse.

–          Te repito. La situación es muy fea, graniza  fuerte y caen rayos muy cerca de nosotros. Estamos entre la zona de clavijas y el refugio de Goriz, en la cresta de Monte Perdido. Espero que tengáis noticias nuestras antes del mediodía.

–          Vale. ¡Que vaya bien!

Creo que la llamada me ha puesto más nervioso que otra cosa. Apago mi móvil y lo tiro sobre mi mochila. Miro las tiendas, como imaginaba sólo una está bien montada, las otras dos, están montadas como han podido. Llamo a los chavales. Les digo que si alguien tiene su móvil encendido que lo apague, la tormenta es eléctrica. Mando a que se metan en las tiendas. Me meto en una de ellas. Miro a mí alrededor y somos nueve personas  en una tienda que caben cuatro. Algunos están de rodillas, otros sentados, apoyados unos en otros, como podemos. Yo estoy en una de las esquinas delanteras. Hace viento, parece que en algún momento vayamos a salir volando, el granizo golpea muy fuerte la tienda.  Cada 30 segundos cae un rayo, que ilumina toda la tienda y hace temblar el suelo. Caen muy cerca de nosotros. Tengo miedo. Tengo miedo de que pueda ocurrir alguna desgracia. Creo que los chicos no son conscientes de ello. Durante 5 minutos me aíslo en mi esquina, necesito un tiempo para mí, para coger fuerzas y valor. No puedo caer en el miedo, los chicos dependen ahora sólo de mí.

Pido una linterna potente, por si alguien la llevaba encima. La voy a colocar fuera, en una piedra orientada hacia el camino que viene hacia las tiendas, para que cuando venga el otro grupo nos vea, me preocupa que por la niebla y el granizo no nos vean y pasen de largo. Sé que tal vez la linterna no aguante mucho tiempo en funcionamiento, pero eso me tranquiliza durante un rato. Al salir de la tienda, mi bota se mete unos centímetros sobre el granizo, al salir de la tienda me doy cuenta de lo fuerte que es la tormenta y de lo mal que lo está pasando el grupo que ahora mismo está caminando. Coloco la linterna, y voy al resto de tiendas para ver cómo están los chavales. Algunos están asustados, otros tienen frío, y en una tienda a empezado a entrar agua. Les digo que ya lo arreglaremos cuando pase la tormenta, si es que pasa.

Vuelvo a mi tienda. Me preocupa mucho el otro grupo. Lo deben de estar pasando muy mal. Cada 15 minutos salgo de la tienda para ver si por el camino veo luces. He salido ya como 4 veces de la tienda y no veo nada. Eso me asusta y me preocupa. La tormenta sigo igual, graniza mucho, hace viento y siguen cayendo rayos. Es horrible. Por fin veo luces, les hago señales con mi linterna, durante dos minutos. Espero que me hayan visto.  Entro en mi tienda y esperamos. A los 20 minutos, oigo voces. Salgo rápido de la tienda, veo a Jorge, me alegro. Le explico la situación, sólo tenemos tres tiendas montadas. Pedimos a los chavales que entren en las tiendas, como puedan, es lo que hay. Ahora somos 32 en tres tiendas. Nos quedamos los 4 educadores fuera, y valoramos la opción de en cuanto la tormenta afloje un poco intentaremos montar mas tiendas.  Veo las caras de mis compañeros, están congelados, los chavales también. Entro en mi tienda, estamos mucho mas apretados. Una de las chicas que acaba de llegar con el segundo grupo está llorando mucho. Lo ha pasado muy mal, se acaba de romper al ver a sus compañeros. Dice que pensaba que no iban a llegar hasta aquí.

Ha pasado 15 minutos desde que el segundo grupo ha llegado y parece que la tormenta aflojado. Salgo de la tienda y llamo a mis compañeros. Vamos a intentar montar otra tienda. Buscamos entre las mochilas, que están completamente mojadas, y encontramos material para montar otras dos tiendas.  Así lo hacemos. Dividimos a los chavales.  Les digo a mis compañeros que entren en una tienda y se quiten la ropa mojada, es el momento de intentar entrar en calor. Voy por las tiendas y les digo a los chavales, que aquellos que tengan la ropa mojada se la quiten. Para algunos es difícil hacer esto y quedarse en ropa interior, pero es muy importante para dejar de tener frío. Fuera sigue lloviendo, voy a las mochilas y una a una las voy mirando en busca de ropa seca. Casi todo está mojado. Consigo rescatar algunas camisetas de manga corta y un par de sudaderas y pantalones, y tan sólo dos sacos de dormir secos. Lo reparto entre los chavales.

Entro en una tienda con mis otros tres compañeros y dos chavales. Son las 21:00h de la noche. Parece que la tormenta afloja y la malo ya ha pasado, pero la gente tiene mucho frío. Decidimos ir de nuevo a las mochilas y buscar la cena, como es imposible cocinar, damos de cenar el desayuno, unos zumos y batidos con bollería. Por la mañana desayunaremos la cena.

La noche se hace eterna, muy eterna. Con mucho frío y mucho viento. Sin casi sitio en las tiendas. Con agua dentro de las tiendas. Sin abrigo. Salimos por última vez de las tiendas  para avisar a los chavales que vamos a pasar así la noche, que intenten dormir y que se junten para darse calor. Volvemos a nuestra tienda. Empezamos a bromear, lo necesitamos.

Es casi imposible dormir, estamos unos encimas de otros. Uno de mis compañeros esta casi desnudo, tiritando de frío. Lo abrazo para darle calor, intentamos dormir. Me pongo unas bolsas de basura en los pies, estoy justo donde ha entrado agua en la tienda. Vamos durmiendo casi por turnos y cómo podemos.

Sale el sol. Salgo de la tienda. El cielo está despejado. Ya ha pasado todo. Ahora toca volver al campamento.

Soy Educador Social, Psicopedagogo y eterno estudiante, ahora Psicología. Educador de profesión y vocación, también de convicción. Amante de la montaña y del deporte.

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