Pensamiento de @Nolotarín : “Casitas verdes”

22h

(Comentario tras la visita al domicilio familiar de una menor tutelada de 17 años, con la intención de hablar con su madre del posible regreso a casa, después de más de 6 años en un centro de protección) 

Había estado hace años en las “casitas verdes”, muchas veces he pasado en coche por delante, y sabía lo que allí se mueve…  parecido a lo que ya he visto en otros barrios. Pero tengo que reconocer que el jueves fue una experiencia diferente, impactante. Es alucinante que en nuestra ciudad exista un lugar así, una especie de reducto de suciedad, pobreza, inadaptación, de vida al margen de la ley y de cualquier normalidad posible.  Las calles llenas de basura, pero algo exagerado… todas las casas estropeadas, como si hubiese estallado una guerra. Las escaleras rotas, quemadas, pintadas, los buzones, las ventanas arrancadas… y gente muy particular mirándonos desafiantes en los patios y balcones.

La casa de Luisa un poco mejor, sencilla, limpia para la ocasión, con el piso reformado, pero sin ningún exceso… cocina de camping-gas, puertas estropeadas, pero mobiliario apañado. Mucho mejor que la escalera que acabábamos de subir. Luisa con el batín clásico y la compañía inevitable de la tele y un turbio café con leche. Enseguida gritos de los vecinos, golpes en la puerta de al lado y sirenas de coches de policía en la calle identificando a “sospechosos”. La conversación discurre según lo previsto: Luisa receptiva pero con su doble discurso, incoherente por si mismo pero posiblemente natural en su vida (“no quiero que vivan esto, pero si quieren que vengan aquí”). Después visita de una vecina con su bebé y al irnos parada en casa de la Rosario, la que parece manda en el territorio. Con ella otra sensación, una mezcla de abuela protectora y de bruja o sacerdotisa inquietante.

 Pero lo más fuerte de todo, fue observar en todo momento a nuestra Tamara tan tranquila. Ver con perplejidad su familiaridad con la situación, no parecía nada inquieta. Estaba allí medio recostada en el sofá, tomando su café con leche, cómo si lo hubiese estado haciendo cada día durante estos últimos 6 años. No parecía que le hubiese impresionado como a mí la escalera, a pesar que por lo que sabemos solo la haya subido una o dos veces más desde que era pequeña. Tampoco pareció sentirse incomoda en el ambiente diferente de casa de la Rosario, ni tampoco inquietarse ante los hombres del portal que nos desnudaron con su mirada y menos aún con los policías que registraban a una mujer en la esquina. Tampoco parecía recordar los malos momentos allí vividos y que provocaron las medidas de protección.

No sé si será inconsciencia, huella genética, amor de madre, capacidad de adaptación, ansias de libertad, instinto de supervivencia o yo que sé… pero la verdad no deja de ser sorprendente. Cómo se puede pasar de la “normalidad y el confort” del centro de protección, al extremo de la precariedad y la inadaptación de las casitas verdes… y de primeras apenas notarlo. Me parece a la vez tremendamente dramático, tener que a los 17 años lidiar con una situación así y tampoco percibirla en toda su dimensión. La verdad, yo con mis conocimientos no sé llegar a explicar bien que es lo que ocurre (y eso que ya lo he visto en otros casos), pero lo cierto es que me sigue pareciendo algo muy, muy complejo. Mucho más de lo que en nuestros discursos del día a día valoramos. Creo que debiéramos ser más comedidos cuando emitimos juicios sobre los comportamientos o actitudes de los menores. Porque lo que viven es tan complejo, sus mecanismos internos de funcionamiento están tan distantes de los nuestros, que puede que nuestros criterios y prácticas educativas queden en muchas ocasiones demasiado lejos de sus vivencias. No sé, cuando regresaba al centro venía pensando esto, miraba a Tamara y me sobrecogía la enorme complejidad de su vida. De la que en lo cotidiano a veces me olvido, saturado por sus inmadureces o actitudes egoístas. Mis valoraciones no debieran olvidar nunca el máximo respeto por quien le toca vivir algo tan “jodido”.

@Nolotarin   

Soy Educador Social, Psicopedagogo y eterno estudiante, ahora Psicología. Educador de profesión y vocación, también de convicción. Amante de la montaña y del deporte.

Un comentario en “Pensamiento de @Nolotarín : “Casitas verdes”

  • El articulo es muy interesante por las posibilidades que da de reflexion. Has descrito muy bien la realidad de aulgunos menores. Pero te puntualizaria k Normalidad y confort aunque lo pongas entre comillas ni es normal ni es confort. Ni las relaciones que se establecen con iguales, ni las dinamicas , ni …..
    A veces tener que vivir ahí en un hogar si que es conplejo.
    Saludos

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