Pensamiento de @Nolotarin: ¿EXTRAÑOS?

 

licenciado

¿EXTRAÑOS?

Recientemente y de forma inesperada, me he dado de bruces un par de veces con un viejo debate que desde mi ingenuidad pensaba que ya estaba superado. La primera de ellas en un congreso de Educación social, allí escuché ese término para mi tan malsonante de “intrusismo profesional”. La otra, en unas jornadas sobre Trabajo social en la universidad, también allí se habló con detalle del intrusismo, pero en la dirección opuesta. Me llamó la atención escuchar en ambas situaciones, entusiastas argumentos defendiendo con convencimiento cada una de las posiciones. Me sorprendió más aún que el debate casi obviase el apellido “social” y se centrase tan solo en los nombres de pila “educador/a y trabajador/a”. Pero sobre todo me preocupó que el público receptor de los mensajes emitidos fuesen principalmente estudiantes, futuros profesionales en proceso de formación y de configuración de su identidad profesional. Me preocupó lo que podían estar percibiendo y su influencia en la visión que van construyendo.

Personalmente, hoy estoy plenamente comprometido con la educación social; pero sigo encontrando algunas dificultades para esclarecer el origen y fundamento epistemológico que pudiera diferenciar de forma meridiana estas dos profesiones. Es más, descubro un complejo proceso histórico con infinidad de interferencias políticas y académicas que lo condicionan. En cambio, apenas albergo dudas respecto a una clara diferenciación de puestos de trabajo en la práctica profesional del educador/a y del trabajador/a social, incluso demasiado especificada, evidenciando la elevada practicidad que caracteriza este sector. Por eso no me sorprendió que el debate se centrase en la organización del trabajo, en las funciones y competencias. Y apenas se hiciesen referencias a los fundamentos teóricos que sustentan ambas profesiones y a posibles desarrollos metodológicos en los que pudiesen estar avanzando. Porque entonces puede que no fuese tan adecuado utilizar la pabra “intruso”, que significa extraño. Si no más bien cabría utilizar la de “vecino”, que es quien comparte un espacio común, o incluso la de “hermano” que supone estar unidos por un vínculo especial.

Hace ya casi 20 años escuché afirmar que los debates corporativistas apenas generaban crecimiento, y hace casi el mismo tiempo me convencí de la importancia de construir y creer en una identidad “supra-profesional” constituida por el ámbito de lo “social”. Por lo que en cierta medida me inquietó, que en estos tiempos de crisis en los que se amenaza y golpea “lo social”, emergiese el discurso corporativista en vez del de fortalecimiento, defensa y alianza del paradigma común. Sinceramente, a veces los intereses académicos (universidades) y corporativos (colegios profesionales) no van de la mano del funcionamiento social, de las necesidades que presentan los ciudadanos, de los elementos que pueden contribuir a transformarlas.

En mi opinión esta identidad supra-profesional es la que necesita hoy más que nunca reforzarse desde las aportaciones pedagógicas de la Educación Social y con los fundamentos sobre la transformación social que conlleva el Trabajo Social. El debate tendrían que enriquecerlo las innovaciones metodológicas que las dos profesiones van desarrollando desde sus propias especificidades. Reconociendo con orgullo, que inevitablemente van a transitar por algunos territorios comunes y buscando fortalezas en los mismos. Otra cosa es que la falta de recursos que por desgracia siempre ha caracterizado nuestro sector, nos hiciese confundir la precariedad con el intrusismo. Es decir, que como no se reconoce y cualifica una función la pueda desarrollar otro profesional, no por opción sino por obligación.  Porque no creo que ningún trabajador/a social que se precie renunciase a cierta dimensión educativa de su trabajo, aspirando a volver a llamarse asistente (porque lo asistencial sea lo característico de su trabajo actual en los servicios sociales generales). Ni que ningún educador/a renunciase a su apellido social, dejando de lado la dimensión comunitaria y de transformación social de su trabajo (debido a la excesiva institucionalización del trabajo educativo que se produce en los servicios sociales especializados). En cierta medida, los debates corporativistas podrían provocar el efecto perverso de limitar la riqueza de cada desarrollo profesional y de forma indirecta, debilitar el valioso sustrato común que comparten los diferentes profesionales de lo social.

A mi parecer el debate debiera centrarse en mostrar como la perspectiva pedagógica de los Educadores/as sociales está contribuyendo a mejorar los procesos de integración social. Y como las estrategias de transformación y cambio social que proponen los trabajadores/as sociales, están posibilitando también estos procesos de inserción. En este supuesto sí que podrían resultar enriquecedoras las diferencias en las orientaciones metodológicas. Lo epistemológico (la pedagogía y la sociología o la antropología) podrían adquirir entonces interés, porque se estarían refiriendo a propuestas para la mejora de nuestra sociedad. El problema podría ser que no tuviésemos nada que aportar a este nuevo debate y por eso estuviese resultando más fácil escorarse hacia el discurso “corporativista”. En ese caso sí que tendríamos que preocuparnos del estado de salud del “cuerpo” de nuestra profesión,

@Nolotarin

Soy Educador Social, Psicopedagogo y eterno estudiante, ahora Psicología. Educador de profesión y vocación, también de convicción. Amante de la montaña y del deporte.

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