“Dolor invisible” Pensamiento de @NoloTarin

Hace mucho tiempo que no escribo un pensamiento, no sé si por falta de tiempo, por pereza o porque no me venía la inspiración. Pero ayer tuve una breve conversación con Jose que me ha removido por dentro y que me lleva a escribir de nuevo, necesito hacerlo. Llevamos más de un año viendo como Jose se nos “va”, con la sensación de no ser efectivos, de no llegar a él. En los últimos meses además hemos podido ver como se deterioraba física y emocionalmente. Llegando a extremos impensables en otros momentos como faltarnos el respeto, amenazarnos, incluso llegar a empujarnos…

Hemos sentido impotencia, desorientación, inseguridad y hasta puede que miedo en alguna ocasión. Jose más de un día nos he hecho sentir mal y eso no era propio de él. Ante esta evolución nos han surgido muchas dudas, nos preguntamos si hemos fracasado en nuestra intervención, si podemos seguir ayudándole, si es “educativo” lo que estamos haciendo con él, si sirve para algo, si nos lleva hacia algún lugar?. Todos, aunque no nos atrevamos a plantearlo, en algún momento hemos pensado que debería dejar nuestro centro. Esta medida constituye uno de los mayores retos para un educador, de hecho preferimos no tener que tomar la decisión o que nos venga dada, porque nos enfrenta a los peores  miedos y dudas sobre el trabajo que realizamos, al no saber qué hacer ahora y a la incertidumbre del futuro. A quién responsabilizar de que no haya funcionado la intervención es terreno resbaladizo.

El caso de Jose es muy complejo, se juntan y se conjugan todo tipo de factores de riesgo junto con unas vivencias familiares muy negativas. Su ansiedad, sus obsesiones, su apatía, su falta de responsabilidad, su descuido… Se juntan con su retraso escolar y madurativo, con sus particulares capacidades y razonamientos cognitivos… Sumándole la ausencia de alternativas escolares adecuadas y los posibles desajustes de su salud mental… Ante todo este cóctel explosivo, el consumo de tabaco y “porros” aparecen como la mecha que enciende y hace explotar toda la mezcla.

Lo que le ocurre a Jose ¿son problemas de conducta? es enfermedad mental? es adicción? Estas son las preguntas que intentamos respondernos para poder identificar el problema y por lo tanto la solución. Pero he aquí lo difícil del caso, cómo todo está mezclado no sabemos cómo hacer y nos invade la confusión. Porque los problemas de conducta suelen requerir límites claros y un sistema de refuerzos y castigos para controlar la conducta desadaptada. Pero en cambio los problemas de salud mental requieren atención sanitaria, medicación, terapia y sobre todo acompañamiento en los vaivenes y picos emocionales que se producen (y por lo tanto no sirve tanto lo de los refuerzos y castigos). Las adicciones suelen requerir atención especializada, una terapia diferente y a veces un alejamiento del entorno de consumo. 

Os diréis, vale, el análisis está muy bien, pero de qué nos sirve, qué tendrá que ver con la conversación que tuviste con Jose?.  Pues aún no lo sé bien del todo, pero estoy convencido de que lo que me dijo es muy importante para saber y encontrar la mejor forma de ayudarle.

Jose en uno de sus comentarios provocadores habituales tras un retraso en su salida me dijo: “y que pasaría si me largarse una tarde y me quedase por ahí y no volviese”. De primeras iba a contestarle lo típico de “pues prueba y verás las consecuencias” o “pues pondremos una denuncia y ya te traerán”, pero no sé bien por qué me surgió otra cosa, imagino que porque días antes había estado viendo unos vídeos en los que salía de pequeño y estaba yo más sensible. Le contesté “pues creo que nos preocuparíamos un montón y lo pasaríamos fatal”. Él entonces se quedó parado, se deshizo del anterior tono desafiante y me dijo “es verdad yo también lo pasaría mal, no sabría que hacer sin vosotros”.

Después al darle vueltas me acordé de algo parecido que ocurrió la tarde que le llevé a urgencias del hospital después de dos días muy desbaratado. Cuando la psiquiatra mirándole a los ojos le preguntó “Jose estás sufriendo mucho ¿verdad?” y él que se había pasado la tarde insultando y “cagándose” en todos, de pronto rompió a llorar.

Ante los problemas de conducta de muchos adolescentes, los psiquiatras psicoanalistas (que hoy no están muy de moda) siempre nos han alertado de no olvidar que con frecuencia estas alteraciones del comportamiento son síntoma de un sufrimiento psíquico intenso, muchas veces inconsciente, del que se siente perdido, abandonado o sin horizonte. No son solo problema de educación (límites y normas) o de motivación (actividades y formación). Son cuestiones internas, más profundas, que requieren reconstruir y reconciliarse con la propia historia y esa es tarea nada fácil.

Este sufrimiento interior también está detrás de algunas adicciones, encontrando el adolescente en los consumos una forma de calmar y olvidar lo que le agobia.

Desde esta perspectiva, si Jose está sufriendo, nuestra mirada sobre su situación puede ser diferente. Cuando alguien sufre necesita compañía aunque la rechace, sobre todo necesita saber que alguien está pendiente de él, que le va a sostener cuando caiga. Quien sufre necesita apoyo incondicional aunque de forma paradójica lo que exprese sea rechazo, incluso agresión. Por eso nos cuesta tanto entender la falta de salud mental. Me consta que Jose se siente realmente mal cuando se escapa, insulta o golpea, incluso cuando consume, de hecho es la única explicación que encuentro cuando nos pide y devuelve el mechero en cada salida. Para él imagino que simboliza parte del vínculo que tiene con nosotros, representa la pertenencia, la aceptación y la seguridad de que alguien está pendiente de él. Es complicado de entender, no puedo afirmarlo pero intuyo que es algo así.

Por eso me preocupa que Jose pueda perder nuestro vínculo, porque pienso que a pesar de todo el desastre, es lo que en parte le sostiene. Aunque con muchas dudas me resisto al cambio de recurso porque me da miedo que Jose se rinda y se deje llevar hacia lugares más hostiles y más dañinos que los que transita ahora.

Creo que tenemos que intentar mejorar la coordinación con los profesionales de salud (adicciones y salud mental). Intentar, aunque sea muy costoso, un trabajo conjunto. Ir evaluando con rigor si la medicación va permitiendo un mayor espacio a la terapia y a la acción educativa para poder abordar el consumo de Jose que a todos tanto nos preocupa. Porque es diferente que en un momento dado valorásemos conjuntamente que su problema de adicción necesitase ser tratado desde un recurso especializado, a que planteásemos unilateralmente el equipo educativo un cambio de centro porque no sabemos “qué hacer” con él.

Mientras esto ocurre no podemos quedarnos parados. En lo educativo creo que tenemos mucho que hacer, empezando por buscar una alternativa formativa que se ajuste a las necesidades reales de Jose. Desde la que le podamos exigir y responsabilizar, pero que esté a su alcance y le ofrezca un horizonte posible. Y esa sea seguramente una parte importante de nuestro trabajo hoy, el lugar en el que poner energías. Si no lo encontramos, o no es posible acceder, pues tendremos que seguir con lo que estamos haciendo “crearlo a su medida”. Pero no con la sensación de estar “haciendo tiempo” o “poniendo un parche”, sino con la convicción de que le estamos preparando para cuando aparezca la oportunidad de acceder a otro recurso mejor. Con la confianza de que le estamos enseñando, de que Jose estará aprendiendo para la compleja transición a la vida adulta.

Pues estas son mis reflexiones, como siempre digo son solo eso, si a alguien le sirven bien y si no, al menos a mi me ayudan a seguir comprometido en este trabajo.

 

NoloTarín

Valencia, octubre de 2018

Soy Educador Social, Psicopedagogo y eterno estudiante, ahora Psicología. Educador de profesión y vocación, también de convicción. Amante de la montaña y del deporte.

4 comentarios en ““Dolor invisible” Pensamiento de @NoloTarin

  • Hola, yo tengo un José en mi grupo educativo…de centro de reforma…con lo que ya ha transitado por esos sitios más hostiles y dañinos que comentas.
    Sigue luchando… con lo que expresas le vas a acompañar fijo!!!!

  • Compañero, gracias por esta reflexión, la siento como tú, sintiéndome tan identificada, la misma lucha, yo también tengo un Jose y una preocupación profunda, pq ya no sólo es un caso, son tantos los casos para los que necesitamos poner la energia en el momento justo en el lugar perfecto, una necesidad de atención individuazada ” extrema”, un nuevo perfil que necesita mucho más, sentimos que “no llegamos”. Tengo un equipo maravilloso, humano, formado, veterano…pero no tenemos recursos suficientes y nos acompaña ese sentimiento tan horrible…la frustración de no abarcar todo cuanto se necesita, necesitamos mas, más respaldo pero creo que esto no se entiende hasta que no tienes un “Jose” en tu vida.
    Gracias, porque con esta reflexión siento que no estamos solas…que alguien nos entiende. Seguiremos luchando, siempre hacia adelante!

  • Buenas tardes compañero:
    gracias por compartir tus reflexiones que tanto nos ayudan a todos. Sé bien del José que nos hablas y comprendo lo que quieres expresar. De todo lo compartido me queda un convicción, muy nuestra y de nuestro estilo, al margen de los sentimientos, emociones, reflexiones… que suscite en nosotros el amigo José; ponemos en el centro la persona y su situación y hacemos camino juntos con toda la profesionalidad del mundo y con toda la buena voluntad. Como bien dices: no tenemos segura la solución, las claves, los orígenes de la conducta… lo que si que nos queda clara es la opción de acompañarnos en este difícil pero maravilloso mundo de aprender a vivir y sostenernos en los momentos de incertidubre o derrumbe es una de las mejores alternativas para sentirse seguros, para dar pequeños pasos, para sentir la certeza de no estar sólo, para descubrir el gozo de importarle a alguien. ¡Ante el dolor invisible, la visibilidad del alivio! En este caso un alivio que se concreta en: la escucha activa, la empatía, la aceptación incondicional, el respeto a los procesos personales, la acogida de la realidad del otro y la estima de lo que hay… Bueno compañero, seguimos compartiendo vida y misión, expresada en la pasión por los jóvenes que más necesidades tienen y sufren, muchas veces en un silencio que se hace sonoro con la explosión violenta y descontrolada.

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