Dejar hablar a las emociones.

Recuerdo el primer día que lloré en el trabajo. Fue el primer mes, y lloré de impotencia, de saber de mi mala intervención y de no tener recursos para salir de la situación. Me encerré en despacho y ahí me rompí.

Me sorprendió una compañera, y me dedicó un tiempo. Lo agradecí. No se me olvida nunca ese momento, son esas primeras veces que nunca se te olvidan, y que de vez en cuando te vuelven a la mente para recordarte que nuestro trabajo es así, que te hace llorar y de vez en cuando sufrir. He llorado otras veces, pero nunca como la primera vez en ese pequeño despacho.

Hoy he recordado con cariño ese día al ver a mi compañera hacerlo en el mismo lugar que yo lo hice, justo apoyada en la misma silla. Salíamos, junto con otro compañero, de una conversación dura con una de las niñas, de las que te revuelven las tripas. De las que te crean impotencia, rabia, dolor, angustia, de las que escuchas cosas que nunca tú querrías decir o hablar, pero que se la escuchas a una niña de 10 años. De esas conversaciones que piensas que muy pocas veces se pueden dar, pero que normalmente en nuestra profesión pasan.

Verla así, me ha ayudado ha recordar la importancia que tiene en nuestro trabajo la fortaleza emocional y los sentimientos. Es uno de los mejores bienes que tenemos como profesionales, nuestras propias emociones. Habrá gente que defienda que no nos tenemos que dejar llevar por las emociones, pero creo que es de las cosas más sanas que tenemos, dejar hablar a las emociones que tenemos en cada momento nos hace mejores profesionales, nos hace trabajar con mayor intensidad y sobretodo con más corazón, algo de lo que últimamente estamos muy faltos.

Que no nos cueste llorar en el despacho junto a nuestros compañeros/as, que no dejemos de irnos agobiados de camino a casa por lo que haya sucedido durante la tarde, que cuando apaguemos la luz de la mesita de noche y pensemos en ese chico/a no pensemos que esta mal hecho, todo con medida, pero esto nos hace crecer mucho como profesionales y lo necesitamos, es una gran forma de crecer.

 

Soy Educador Social, Psicopedagogo y eterno estudiante, ahora Psicología. Educador de profesión y vocación, también de convicción. Amante de la montaña y del deporte.

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