Educación Social y Gestión

Cuando una organización que ofrece servicios socioeducativos realiza un proceso de selección, suele buscar entre los candidatos aquellos con mayor competencia en aspectos relacionales, empáticos, creativos, de liderazgo y trabajo en equipo. Si hablamos de educadores y educadoras sociales, además el acento se coloca en el dinamismo, en la capacidad de resolver conflictos, de animar grupos, de acompañar y gestionar emociones, de generar relaciones educativas. Si acotamos más aún en instituciones sin ánimo de lucro, cobra importancia la dimensión ética, el compromiso social, la apuesta por la diversidad y la interculturalidad, el sentido comunitario y de pertenencia, incluso la competencia espiritual.

La misión, visión y valores de estas organizaciones, como es lógico, casi siempre están en plena sintonía con estas competencias. Lo educativo, lo social, lo humano, en definitiva todo lo relacionado con el trato con las personas, su desarrollo personal y su interacción social, suele constituir el “live motive” de los actores proveedores de servicios en este ámbito.

Hilando más fino, encontramos además modelos pedagógicos y psico-sociales que orientan las prácticas institucionales y definen o caracterizan a cada organización. Se invierte en formación para su aprendizaje y posterior transmisión, aunque son modelos teóricos o reflexivos, casi siempre están orientados a la acción directa, a la intervención con las personas y sus contextos. Suelen constituir una característica identitaria en las estructuras organizacionales y que ensambla casi a la perfección con las competencias antes mencionadas.

Desde esta perspectiva podríamos deducir que el valor profesional más importante y por lo tanto más reconocido y cuidado en este tipo de organizaciones, sería esta dimensión pedagógica y/ social. Los profesionales con altas capacidades de relación, de acompañamiento, de interacción significativa con personas en dificultad, con ideas y valores pedagógicos, con capacidad de innovación y creación, por lo tanto constituirían el recurso humano más cotizado y protegido. Serían en definitiva los actores imprescindibles, que permitirían directamente conseguir y hacer efectivos los fines de la organización, pero no solo eso sino que además se convertirían en guía y orientación para dirigirse hacia su misión.

Pero ocurre que no siempre es así; durante las últimas tres décadas la evolución de los servicios sociales y educativos se ha complejizado muchísimo, exigiendo una importante estructura de gestión y desarrollo organizacional. Muchas entidades del tercer sector reconocen que más del veinte por ciento de sus recursos económicos y humanos se dedican a estos menesteres. La progresiva especialización de los servicios, la competencia empresarial, y el imperativo legislativo que acompaña actualmente el desarrollo de cualquier programa, dotan de especial protagonismo a esta dimensión. Progresivamente, tanto en el ámbito público como en el sector privado, las exigencias de tipo “administrativo”, lo que coloquialmente denominamos tareas de “gestión”, han ido aumentando de forma exponencial, penetrando e instalándose en el centro de cualquier propuesta de intervención. La provisión de recursos pasa necesariamente por una sólida estructura de gestión y evidentemente esta vertiente de las organizaciones se hace imprescindible para su viabilidad y subsistencia. Pero no solo me refiero a esa dimensión económica, institucional o de gestión de recursos humanos, si no que también esta “lógica administrativa” se ha ido introduciendo aunque de forma más sutil en la misma intervención socio-educativa. Los registros, las actas, los indicadores, los protocolos y las incidencias, han llegado a afectar con fuerza al cotidiano de las acciones del educador/a. Pudiendo entenderlas como una mejora en la evaluación, en el rigor y en la transparencia de nuestra intervención, pero también como el riesgo de una progresiva “burocratización” que aleja de la relación con las personas y por lo tanto de los objetivos esenciales de la intervención. La línea que separa la mejora de la calidad de los servicios y la mencionada “burocratización” de los mismos es muy fina y con frecuencia puede costarnos distinguirla.

¿Qué ha ocurrido por lo tanto?, que la capacidad de gestión y la competencia en tareas administrativas ha cobrado una inesperada importancia en las organizaciones sociales y educativas. En un primer momento, psicólogos/as, educadores/as y trabajadores/as sociales tuvieron que reconvertirse para asumir esta función técnica y administrativa que las nuevas reglas del juego les exigían. No con pocos esfuerzos consiguieron estar al frente de sus organizaciones y liderarlas, aunque con el paso del tiempo otros perfiles profesionales fueron abriéndose paso, mostrando con frecuencia su mayor competencia en estos puestos administrativos y de gestión organizacional. Proceso que inicialmente se presuponía enriquecedor, excepto porque en ocasiones ha llevado a confundir la propia identidad institucional. Podríamos identificar dos circunstancias que se convierten en claro indicador de esta situación:

La primera, cuando en la dirección de las organizaciones la “lógica administrativa” acaba primando sobre la “pedagógica”. La eficacia en la gestión no puede estar reñida o al margen de la visión educativa. Es decir las necesidades de los sujetos de la educación y la idoneidad de los programas para atenderles, la centralidad de los procesos participativos y la coherencia de los compromisos institucionales, tendrían que ponderarse en primer lugar ante cualquier toma de decisiones. Las urgencias por conseguir financiación, la presión de los plazos y de las exigencias administrativas, pueden modificar sustancialmente las formas de proceder en cualquier organización y no podemos olvidar que la forma de hacer las cosas puede llegar a ser tan importante como el fin que se pretende conseguir.

En segundo lugar, cuando cambia la valoración de los perfiles profesionales más valiosos para las organizaciones. Suele ocurrir cuando la competencia en la relación educativa, en la praxis pedagógica, en la reflexión y compromiso por la transformación social pasan a ser valores secundarios respecto a la “gestión administrativa”. En esos casos la expresión popular “capacidad de trabajo”, en el imaginario colectivo de la organización pasa a ser sinónimo de “capacidad de gestión”. Cuando en otros momentos lo habría sido de “capacidad de relación, de empatía, de innovación, de acompañamiento o animación”.

Aunque sea a un ritmo menor del deseable, poco a poco un buen número de profesionales de la Educación social van accediendo a la función directiva en organizaciones que prestan servicios socioeducativos. Se enfrentan al complejo reto de desarrollar modelos de gestión que mantengan la impronta del valor pedagógico y social. En sus manos puede estar el construir miradas diferentes sobre las dinámicas organizativas y los modos de gestionar sus servicios. También recaerá sobre ellos la defensa y propuesta ante los organismos competentes, de modelos y programas que contengan esta perspectiva, en la que los valores de cualquier proceso educativo: flexibilidad, individualización, participación, innovación y evaluación, resulten como mínimo imprescindibles.

También es responsabilidad de los educadores y educadoras sociales que desarrollan sus tareas en la atención directa, no dejarse atrapar por las exigencias administrativas que requiere su trabajo, o incluso acomodarse o refugiarse en ellas. Éstas pueden utilizarse como medio de evaluación, como herramienta para dar rigor y valor a su intervención, pero no debieran servir de excusa para quedarse en el “despacho” o alejarse de las personas, del “cuerpo a cuerpo” que requiere esta profesión.

Nolo Tarín

Valencia, 20/10/2019

Educador social habilitado por el COEESCV, diplomado en Trabajo social, licenciado en Sociología y Doctor en Pedagogía. Director del centro de acogida de menores “Casa Don Bosco” de la Fundación Angel Tomás y profesor de Educación social en la Universidad católica de Valencia.

Un comentario en “Educación Social y Gestión

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *