Las llaves. [Vivir con un Educador/a Social]

Soy unas llaves de un educador/a social. Antes de estar con mi nuevo dueño, he pasado por otras manos, no me olvido de Pablo, de Luis, de Flor o de María.  Con cada uno y una he vivido experiencias distintas, momentos inolvidables y he visto reír y llorar a todos. Llevo ya muchos años con mi  dueño, me trata bien y nunca me olvida en ningún sitio, aunque es despistado con algunas otras cosas, pero a mi me tiene en gran estima.

Soy ya muy vieja, pero todavía de gran utilidad, tengo varios colores, incluso mi dueño me marca con pegatinas para ser rápido a la hora de abrir alguna puerta, cada una de mis partes es distinta, así soy mucho más útil. Ser las llaves de un Educador/a Social no es nada fácil, tienes mucho trabajo durante todo el día, hay muchas puertas, casi todas cerradas siempre y que hay que abrir para volver a cerrar luego, es un no parar.

Hay muchas cosa de mi vida junto a mi dueño que me gustan mucho, sobretodo cuando me «presta» a uno de los chicos o de las chicas, sé que ese momento va a ser el mejor del día porque justo ahí formo parte de su intervención y de su trabajo educativo. No me deja con cualquiera, sólo con unos pocos, con los que puede depositar una gran confianza y que no van a hacer un mal uso de mi. Cuesta mucho que me deje a alguien, incluso años , pero cuando lo hace siempre tiene un sentido. Lo suele hacer cuando esta hablando con otro de los chicos o de las chicas, o esta explicando alguna cosa que no puede dejar de hacer , pero cuando me deja a alguien sé que tengo una gran misión . Voy al armario de los balones y los juegos de mesa, de la mano de ese chico o chica en el que mi dueño  ha depositado su confianza y la responsabilidad de hacer un buen uso de mi. Esos días me siento muy feliz de ser las llaves de un Educador/a Social.

La gran mayoría de los chicos y las chicas lo hacen muy bien y mi dueño se queda contento de haber confiado en ellos, pero también hemos tenido alguna mala experiencia y se ha perdido la confianza para volver a dejarme a esa persona, pero con el tiempo y demostrando un cambio puedo volver a estar en esas manos.

Lo que menos me gusta es cuando quedó olvidada en el bolsillo de la mochila de mi dueño en las excursiones, esos días me los pierdo enteros, tengo que esforzarme mucho  escuchar las conversaciones y saber que esta pasando. Otras veces mi dueño me tira al suelo de un golpe junto a una portería o a una canasta, esas tardes no me suele necesitar tanto.  En las reuniones o en los momentos de despacho siempre estoy encima de la mesa, por si en algún momento tiene que salir corriendo por alguna necesidad, siempre voy con mi dueño. Después de sus palabras y de sus manos soy lo que más utiliza en el trabajo.

 

 

 

 

Soy Educador Social, Psicopedagogo y eterno estudiante, ahora Psicología. Educador de profesión y vocación, también de convicción. Amante de la montaña y del deporte.

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