Perspectiva [Pensamiento de @NoloTarin]

Un periodista andaba buscando entrevistar a algunos jóvenes ex-tutelados para
conocer de primera mano su experiencia en el sistema de protección. Estaba escribiendo un
artículo crítico sobre las bondades y sobre todo las deficiencias de los centros de menores,
un tema que siempre da juego con la opinión pública.
Conectó con algunas instituciones y acabó concretando un encuentro con varios
jóvenes que vivían en un hogar de emancipación. El periodista apareció con su libreta de
notas y comenzó a hacerles preguntas. Mohamed relató cómo había sido su viaje en patera,
pasó tres días a la deriva porque se estropeó la embarcación, luego llegó a una playa
gaditana y la policía le llevó a un centro de acogida y de ahí a uno de menores. Younes
había estado viviendo varios meses en un bosque próximo a la frontera de Melilla, intentó
varias veces saltar la valla sin éxito. Al final buscó otra vía, contó cómo había pasado más
de diez horas escondido en el salpicadero de un coche y cuando le sacaron al cruzar la
frontera no le respondía el cuerpo y apenas podía mantenerse en pie. El periodista ya no
preguntaba, no daba abasto con sus anotaciones. Luego le tocó el turno a Abdel, sin saber
bien por qué se puso a hablar de su vida en Marruecos, de cómo le abandonó su padre y
estuvo malviviendo en un lavacoches. Relató con cierto arrepentimiento como se buscaba la
vida para comer y ayudar a su hermano. Dio un paso más compartiendo sus vivencias y
reflexión del porqué se decidió a venir a España. Su relato era el más dramático, Abdel no
tenía dinero para pagar a una mafia para que le introdujeran en nuestro país, tuvo que ser
más valiente y cruzó nadando a Ceuta. Lo hizo de noche, en pleno invierno, tuvo que estar
en el mar más de tres horas, sorteando grandes olas hasta que consiguió llegar a la otra
orilla, Allí se repitió la historia, policía y primera asistencia en centro de acogida. Abdel quiso
seguir con su narrativa, parecía que necesitaba hacerlo, quería confirmar el sentido de su
proyecto migratorio. Habló del centro de Ceuta y se te ponían los pelos de punta al
escucharlo. Tenía que pelear para conseguir un colchón, apenas había educadores para
atender las necesidades de cientos de adolescentes, o te hacías de notar o eras invisible. El
concepto centro de menores no tenía nada que ver con nuestra visión institucional de la
península. El joven periodista hacía rato que había abandonado sus notas, solo podía
escuchar boquiabierto aquellos increíbles testimonios de resiliencia. Los tres relatos eran
coincidentes en su conclusión, los jóvenes se sentían orgullosos de lo que habían
conseguido, de ser capaces de superar sus dificultades y estar ahora luchando por hacer
posible su sueño.
Quedaba por hablar Sergio, él venía de mucho más cerca, de las 613 viviendas, un
barrio del área metropolitana de Valencia. No había tenido que saltar una valla, ni meterse
en el mar, pero compartía la condición de ex-tutelado con sus compañeros y ahora le
tocaba relatar su historia. Sergio comenzó titubeante, lo suyo se intuía de primeras más
complicado, se notaba que no le gustaba hablar del tema, pero haber escuchado a Abdel le
facilitó un hilo conductor. Sergío había tenido graves conflictos de convivencia con sus
padres y se había dejado influir en exceso por su grupo en iguales. Su llegada a un centro
de menores había sido muy diferente, fue por orden judicial. Le costó contarlo, pero lo hizo y
como lo habían hecho antes sus compañeros habló con cierta perspectiva. Era capaz de
darse cuenta de aquello que le había perjudicado, relatarlo y reconocer cómo el equipo
educativo del centro de menores le había ayudado a madurar y superar esas dificultades. El
proyecto migratorio de sus compañeros y su mayor facilidad para relatar su historia, le
estaban ayudado a tomar perspectiva y reconstruir la suya.

Me hubiese encantado que los educadores y educadoras de aquel centro hubiesen
estado allí en ese justo momento y le hubiesen escuchado. Los adolescentes necesitan
tiempo y un nuevo contexto para madurar y tomar perspectiva, pero cuando se trabaja con
ellos no solemos tener ninguno de los dos elementos. Solo tenemos ante nosotros el
momento de crisis y muchas veces cuesta ver más allá. La intervención educativa es
fundamental, de cómo se haga dependerá en gran medida lo que ocurra después, pero lo
difícil es que no podemos verlo, delante solo encontramos el conflicto o la desmotivación. El
tiempo y un nuevo contexto harán aflorar en muchos casos con éxito lo que ahora estamos
trabajando, pero lo complejo con adolescentes es justo darse cuenta de eso.
También el profesional que convive con adolescentes necesita tomar perspectiva,
requiere tiempo y cierta distancia para ver lo que ocurre con otros ojos. Esa es una de las
claves para permanecer en la intervención con frescura y convicción. Para conseguirlo
resulta muy saludable, casi terapéutico, encontrarse y escuchar a jóvenes que ya han
madurado y han sido capaces de tomar perspectiva. Su relato no solo es señal de
crecimiento, sino también estímulo para continuar creyendo en la fuerza de la intervención
educativa.

Nolo Tarin, Agosto 2022.

Soy Educador Social, Psicopedagogo y eterno estudiante, ahora Psicología. Educador de profesión y vocación, también de convicción. Amante de la montaña y del deporte.

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